Historias de Autos: Chevrolet Bel Air 1956, el clásico que al borde de los 65 años no piensa en jubilar

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Si alguna vez usted ha visto por las calles de Santiago un llamativo y elegante automóvil estadounidense de tonos blanco y negro que ataviado con ornamentos blancos lleva en su interior como pasajeros a un pareja de recién casados al son del ronroneo de su motor V8, sin duda se trata del Chevrolet Bel Air 1956 propiedad de Hugo Escalona (33 años, ingeniero eléctrico), quien le dio nueva vida a este clásico.

 

 

“Lo tengo desde hace cuatro años. Me gustaba el Bel Air y la combinación de colores del auto”, rememora Hugo, al tiempo que hace referencia a las pésimas condiciones generales en que estaba el ´56: “sin los cromos, la pintura estaba deslucida. Estaba con el motor original (un 235 ci) andando más o menos. Se len han hecho hartas cosas en la parte mecánica a este auto por cinco años”, afirma.

 

 

Una vez que convenció al dueño anterior para que se lo vendiera, aquél le preguntó: ¿Te lo vas a llevar andando? Continúa Hugo: “Sí le dije”. “Ya, avísame cuando llegues”, respondió el incrédulo vendedor con una mezcla de miedo y expectación, ya que era bastante poco probable que una panne no apareciera en el camino a la casa del nuevo dueño. Finalmente llegó a destino, pero se abrió la caja de Pandora.

 

 

El nuevo Bel Air

 

El Chevrolet Bel Air con sus modelos de los años ´55, ´56 y ´57 es uno de los autos clásicos más destacados dentro del espectro de vehículos estadounidenses, algo así como el estandarte respecto a esta categoría algunas veces tan complicada de definir. La sola mención de Bel Air ya produce consenso en expertos y aficionados respecto a su importancia dentro de la historia automovilística, ya que fue una excelente realización tanto desde el punto de vista mecánico como del estilístico.

La primera vez que General Motors ocupó el nombre Bel Air (un barrio de lujo en California) para sus modelos Chevrolet fue en 1950 para designar el modelo de dos puertas Hardtop denominado Sport Coupe, en orden a diferenciarlos del Fleetline y del Styleline. Esta nomenclatura se mantuvo para los años ´51 y ´52. Para 1953 la chapa Bel Air fue usada para los modelos tope de línea en una variedad de tipos de carrocería, apareciendo a su vez los nombre 150 y 210 en las series más básicas de acabado como sucesoras de los Special y De Luxe.

 

 

Año a año y con la finalidad de atraer nuevos clientes en un mercado de posguerra en expansión, los modelos de cada marca eran presentados con un “restyling” que incluía nuevos adornos de carrocería y máscara junto con micas de distinta forma para las luces y cambios en el interior, aparte de algunos aditamentos en la parte mecánica producto de la continua innovación de los departamentos de ingeniería. No obstante, los modelos del ´49 al ´52, salvo los cambios estéticos antes mencionados, en la práctica eran muy similares, con el mismo chasis y el uso de los motores 216 ci Thriftmaster y 235 ci Blue Flame.

El nacimiento del clásico Bel Air se da con el avenimiento de la segunda generación en 1955, año en el cual se le practicó un rediseño completo con la introducción de múltiples detalles cromados, todo gracias a la inventiva de un generoso departamento de diseño inspirado en la era espacial, a la vez que se ofreció por primera vez un motor V8, el nuevo 265 con válvulas a la cabeza y alta compresión. Dotado de un carburador doble, erogaba 162 hp, con la opción del Power Pack, que consistía en un carburador de 4 gargantas, lo que sumado a otras mejoras permitía llegar a los 180 hp.

 

 

Era época de cosas grandes y GM lo sabía. No satisfechos con la anterior opción respecto a la planta motriz, durante 1955 ofrecieron además el Super Power Pack: aumentaron la compresión del motor V8 y lograron 195 hp.

Fue un éxito inmediato. La revista Mecánica Popular ofreció extensos reportajes respecto al modelo Bel Air, el cual causó furor. Para 1956, año del auto objeto de la presente nota, se efectuó un retoque en ciertos aspectos estéticos, partiendo de la máscara (la anterior inspirada en Ferrari fue uno de los aspectos que no causó muy buena acogida en los clientes), siendo las nuevas luces de cola unitarias con biseles cromados al estilo del Cadillac un aspecto distintivo, con la particularidad que la tapa del estanque de combustible estaba oculta tras las luces de la izquierda. Además la pintura bitono fue ofrecida por primera vez.

 

Restauración del Bel Air matrimonial

 

Desechada la posibilidad de reconstruir el motor original, decidió comprar otro en mejores condiciones, planta motriz que mantuvo por un año. Sin embargo, dado el uso para arriendo de matrimonios que Hugo comenzó a darle, pasó muchas zozobras debido a fallas mecánicas que comenzaron a estresarlo progresivamente hasta la hora de tomar una determinación drástica, cambiar el motor e instalar uno más moderno y más confiable. El elegido: un V8 305 que rectificaron de 0.20 a 0.40 y al que instalaron pistones planos y culata rebajada.

 

 

“Hubo que hacerle unas modificaciones al chasis, ya que hay que mover los soportes de motor y hacerle una cuna a la caja de cambios, porque en los motores 235 ci 6 en línea y 265 v8 de Chevy, la caja de cambios cuelga del motor, en cambio en los motores más actuales no, por lo que tienen que llevar un soporte adicional”, explica Hugo.

 

 

Su Bel Air cuenta además con varias otras modificaciones en la mecánica, como un diferencial de Chevy Nova bloqueado, caja de cambios de 3 velocidades también de Nova y un necesario electroventilador para hacer frente al cada vez más congestionado tránsito de la capital. El último “chiche” fue la instalación de cuatro escasos neumáticos con banda blanca que pudo conseguir en Llantas FyN.

 

 

La búsqueda de partes y piezas ha sido continua, aspecto que le gusta a su dueño, pese a la dificultad que muchas veces ocasiona. “Hay cosas que no se pagan, el tiempo, la búsqueda de las piezas, y la misma presión de traer cosas, a veces traes cosas y no son. Ya dejé de anotar (lo gastado). Estoy a nivel de sacarle detalles al auto”, recalca.

 

 

-¿Lo venderías?

– No lo vendo. A mí cuando me hacen la pregunta de cuánto vale, yo no sé, a lo mejor yo podría decir 15 millones, 20 millones, pero ¿quién los va a pagar? Para los matrimonios es super cotizado, yo lo cuido como hueso santo, lo tengo en mi casa.

 

 

Terminada la entrevista Hugo sube a su auto, gira la llave y el V8 305 cobra vida. Se aleja raudo e instantáneamente una vez que se incorpora al tránsito, provoca el giro de las cabezas de todos quienes ven pasar el Bel Air ´56.

 

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Nota para ClassicCars por José Francisco Valenzuela.

Fotografías  Agencia 210.

Edición por Javier Fernández G.


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