Historias de Autos: Citroen 2CV6 1982, la española que esperó por años quien la rescatase del olvido

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Un “Citronetero de tomo y lomo” es Hugo Vergara Astudillo (65 años, académico de la Universidad de Playa Ancha, UPLA) ya que utiliza a diario su impecable unidad 2CV6 1982 amarilla, alias “Maripepa”. Es más, la confiabilidad de esta máquina es tan grande que le permite realizar extensos viajes junto a su señora, como a la distante localidad de Quellón en la Región de Los Lagos.

 

¿Por qué el apego con este modelo en particular? Nos cuenta que se trata del primer vehículo que hubo en su familia allá por 1979, siendo el período de tiempo hasta 1994 durante el cual una Citroneta fue su vehículo para los viajes al colegio y a la Universidad. Todo cambió en los años ́90. La falta de repuestos lo llevó a tomar la decisión de venderla y adquirir otro vehículo. Adiós Citroen.

Pasaron los años. En 2014 pensó en la posibilidad de retomar el idilio con el icónico modelo. Encontró una unidad francesa que estaba en buenas condiciones, la que desarmaron por completo para realizar una restauración que le permitiera quedar operativa. Así con la “Brigitte Bardot” el profesor Vergara se reencontró con su faceta de “Citroneto” como él mismo se describe.

Llegó el “dato”

Pero, ¿en qué momento encontró a la “Maripepa” (apodada así por la vedette hispana de los ´80)? “En el 2015 me dieron un dato que en Chorrillos (Viña del Mar), en inmejorables condiciones”, había una guardada por más de una década. Estaba apoyada en cuatro banquillos de madera, con poco kilometraje para su edad. Fabricada en Vigo, España, la 2CV6 estaba impecable y su dueño viviendo en el mismo país donde nació la Citroneta. La compró.

Indagando descubrió que la primera dueña fue una profesora de la ciudad de Los Andes, que sólo la utilizaba para ir al colegio donde realizaba clases. Ella la vendió en el 2002 al propietario que tras utilizarla sólo un par de años se fue a España. Pareciera que todo se confabuló para que la Citroneta esperara paciente la llegada del profesor de la UPLA.

 

 

Tras adquirirla, se preocupó que al igual que la unidad francesa que posee, quedara operativa al 100%, razón por la cual le sustituyeron los rodamientos de dirección y la dotó de suspensión nueva; se instaló un alternador sin uso, al igual que el motor de partida. Con modernos focos de época y capota restaurada el profesor la llevó a la revisión técnica. Pero hubo un problema: el número del motor no coincidía. Las dudas saltaron sobre la originalidad de la planta motriz.

 

Número escondido

 

Es en este punto que se contactó con la dueña primigenia de la máquina, quien le regaló la factura original. Luego que Vergara se dirigiera al concesionario Citroen de donde salió en Los Andes en 1982, pudo corroborar el número del motor. Con bencina limpiaron el sector del block donde está la numeración, tapada con mugre y grasa por los años, coincidiendo con los registros originales. Con esta evidencia no cabía lugar a dudas que se trataba de la planta motriz española de fábrica.

 

 

La única modificación que le efectuó con el fin de contar con una mejor disposición de “Maripepa” para trabajar sobre todo en días fríos fue el encendido electrónico. Para el viaje a Quellón (antes estuvieron presentes en actividades de vehículos de la marca francesa en Linares y Valdivia) le instaló cuatro nuevos neumáticos Michelin, la marca tradicionalmente asociada a Citroen, hecho que el profesor Vergara admite le proveyó de un andar mucho más suave y con mayor capacidad de absorción de impactos por baches e irregularidades en la ruta.

 

A rodar y a rodar

 

“Hemos hecho amigos a nivel nacional desde Calama, pasando por los de Valdivia hasta argentinos”, rememora Vergara a la hora de contar las excelentes vivencias que ha tenido en diversos viajes que ha realizado con los “Citroamigos” en sus unidades francesa y española. Destaca la camaradería y la red de contactos a nivel de todo Chile que le permite viajar tranquilo junto a su señora María Antonieta Orellana, sabiendo que en alguna parte habrá un miembro del club que los puede sacar de dificultades mecánicas. Hablando de hospitalidad, José Gallegos, presidente de Citroamigos los hospedó en Osorno en su último viaje.

 

Popular en Chile en los ´60, ´70 y ´80, las citronetas despiertan la curiosidad de los pequeños que nunca las vieron rodar y de los grandes que fueron testigos que algún familiar, amigo o vecino tuvo una.

 

 

¿La vendería?

Me han preguntado muchas veces y les respondo que vale 25 millones de pesos pero no la vendo. Ponen cara de asombro. Y les digo: si me dieran 30 o 40, tampoco”, explica divertido Vergara Astudillo, quien próximo al retiro en su carrera docente contará con más tiempo aún para dedicarlo a disfrutar de sus Citronetas.

 

 

Nota para ClassicCars por José Francisco Valenzuela.

Fotografías aportadas por Hugo Vergara.

Edición por Javier Fernández G.


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