Historias de Autos: Citroen 2CV6 1979, la reina de las rutas de la Región del Maule se llama Rubí.

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Viajar como copiloto a bordo de la Citroen de Marcelo Bahamondes (46 años, Mecánico, Restaurador de Citronetas) por la carretera es todo un espectáculo: cada 150 metros un automovilista se para al costado de su resplandeciente vehículo, lo saluda, le toca la bocina, y algunas veces la cara de asombro pasa a la de incredulidad cuando el curicano acelera el modelo francés y holgadamente avanza por empinadas colinas.

 

 

Pasión desde niño

Desde los tres años de edad que este modelo de la casa francesa fundado por André Citroen es parte de su vida, ya que su padre tenía en la capital de la Región del Maule un taller dedicado a estos vehículos. A los ocho años Marcelo comenzó a ir frecuentemente al garaje luego del colegio para ayudar a su progenitor. Niño precoz, a los 10 años ajustó su primer motor a un cliente de Villa Prat que hasta el día de hoy lo recuerda.

 

Luego de trabajar por años en multimarca y sortear una grave enfermedad, Marcelo se ha dedicado exclusivamente a su pasión. “Mi papá me dijo: las cosas se hacen bien o si no, no se hacen”, explica a la hora de explicar el por qué la 2CV6 apodada Rubí está en un nivel superlativo de restauración.

 

Nivel pro

 

Hace cinco años comenzó el proyecto. Usó carrocería y chasis de un vehículo y motor y caja de otro. Acto seguido se propuso restaurar a un nivel profesional, para lo cual trajo todas las partes y piezas de Europa mediante compras en Internet a sitios de Francia, Holanda y Austria.

“Le fui comprando de a poco los repuestos, es muy cara la importación, valen tres veces de lo publicado en la página” puestos acá, nos comenta. “Aletas, tapabarros, parachoques, llantas, espejos, micas, plumillas, la capota original, la sombrilla, las molduras” originales las importó, incluso los focos redondos. Este modelo originalmente porta cuadrados, pero él prefirió éstos porque son cromados y proyectan mejor la luz.

 

Citro veloz

 

En la parte mecánica la principal modificación realizada fue el cambio de la relación de marchas de la caja, de tal forma que “revoluciona menos el motor y corre más”, llegando incluso a los 120 kilómetros por hora. “La tercera es como cuarta y la cuarta es como quinta” marcha. Autodidacta, no sacó los datos de un libro, sino que prefirió desarmar varias cajas, algunas francesas y otras españolas para dar con la combinación de velocidades adecuada a lo que él quería.

“Dos años me demoré en tenerla así”, rememora Bahamondes, al tiempo que puntualiza que junto con los faroles, los asientos son los únicos componentes no originales de la Citroneta, ya que optó por éstos debido a la comodidad a la hora de viajes largos. Y sí que ha recorrido.

 

Más y más kilómetros

 

“A Puerto Montt fui en la primera semana de noviembre al nacional. Salí a la 8:20 de Curicó y llegué a las nueve de la noche a Puerto Montt. Paré en dos partes. Al otro día me vine a las 12 del día y llegué a las 12 de la noche a la casa. Quince días después fui a Córdoba, a Villa María, a 500 kilómetros de Buenos Aires. Después de Córdoba me vine a San Luis, San Juan, Mendoza, Los Libertadores y Curicó”, relata Marcelo. Como si fuera poco, comenta que “a los 30 días después fui a Mendoza, me vine por San Rafael, Malargüe y por el paso Pehuenche. Salí a las 12 de la noche de Curicó y llegué a las 10 de la mañana a Mendoza. Manejé toda la noche, no me dio sueño, nada, porque es tan entretenido”, comenta. Se ve que disfruta manejando tanto como restaurando.

Esta pasión por la Citroneta la comparte con su señora y sus dos hijas, quienes lo acompañan asiduamente a las exposiciones.

 

Exponer y compartir

 

Asiste a cada exposición que puede, ya que valora el cariño de la gente por la Citroneta así como la opinión de quienes realmente saben de autos. Así fue como en el nacional de Citronetas realizado en Curicó, cita a la cual asistieron 150 vehículos, ganó el premio a la mejor.

 

En los eventos permanece al lado de Rubí al inicio y al final de los eventos para darse el tiempo de interactuar con quienes desean saber más sobre el proceso de restauración. Asimismo publica en su página de Facebook tips dedicados a mecánicos “citroneteros” y sus viajes, como el que realizó a Córdoba. Allá sus pares argentinos, tierra “fierrera” por excelencia, alabaron mucho el trabajo de Marcelo, ya que la labor artesanal es valorada.

 

¿La venderías?

-No, me han ofrecido varios millones. Mis hijas me lo tienen prohibido. Para mí el aplauso, la sonrisa, es más que la plata.

Nota por José Francisco Valenzuela – Fotografías Javier Fernández G.

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