Historias de Autos: Fiat 147 GL 1981 “punta de tiburón”, un modernizado ícono de los ´80

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En su familia desde que era un 0 kilómetros, el Fiat 147 GL 1981 “punta de tiburón” de Sebastián Loubies (28 años, ingeniero constructor) luce juvenil pese a tener cuarenta años cumplidos gracias a que recibió constantes mejoras estéticas y mecánicas en la última década, las cuales le han permitido viajar incluso en dos oportunidades a Mendoza, Argentina.

 

 

Salido de la planta Fiat de Rancagua, Región de O´Higgins y adquirido por la abuela de Sebastián a instancias de su padre y tío en diciembre de 1980, esta unidad GL (Gran Lujo) es de las primeras en presentar la particular trompa de apariencia agresiva apodada “punta de tiburón”, la cual contrastaba con la punta cuadrada de su predecesor. El objetivo de la marca era llegar a un público más juvenil.

 

 

Al ser de los primeros con algunas variaciones respecto al modelo anterior “contaba sólo con motorización de 1.050 c.c. Posteriormente se integraba el famoso 1.300 c.c. a contar del año ´82”, explica Sebastián, quien prosigue. “La versión GL destaca por sus tapices de puerta tipo alfombra y cuero con reflectores de apertura de puertas, junto con un salpicadero de plástico negro y un tablero de instrumentos en donde a diferencia de su antecesor el marcador de la temperatura cuenta con reloj análogo v/s el antiguo testigo de luz”, comenta Sebastián.

 

 

Las modificaciones respecto a su antecesor no se quedan allí. “Cuenta con un estanque de gasolina de mayor capacidad y luces traseras con un biselado o pestaña. De fábrica sólo contaba con espejo al lado del piloto (a la usanza de la época), caja de 4 velocidades, luces de estacionamiento (sin necesidad de contactar el encendido), asientos de butaca abatibles para una mayor comodidad y su famoso look deportivo”, explica con detalles su dueño.

 

Rotundo éxito

 

 

Con base en el modelo 127 italiano y que fue adaptado por Fiat Brasil, el icónico 147 fue exitoso desde que el “punta cuadrada” comenzó a ser ensamblado en Rancagua en 1977 con motores y otros componentes enviados desde Brasil a lo cual se sumaban elementos de la llamada “integración nacional”, esto es, la incorporación de partes y piezas chilenas para completar el porcentaje requerido por la normativa vigente hasta ese entonces (vidrios, neumáticos, batería, radiador, componentes eléctricos, etc.).

 

 

Fiat afirmaba en 1978 que un 50% del nuevo 147 era “chileno” y su apuesta fue ganadora, ya que se transformó en el auto más vendido en el país, totalizando 5.000 autos vendidos el primer año y una producción de 20.832 unidades entre 1977 y 1981, año en que apareció el “punta de tiburón”. Aparte del motor de 1.050 c.c., hubo además motorizaciones de 850 c.c. y de 1.300 c.c. Aparte del modelo L, también estuvo el GL y el GLS conforme a la planta motriz, siendo superventas hasta 1983, cuando Fiat Rancagua cerró definitivamente.

 

Compra familiar

 

Sebastián adquirió su 147 a los 17 años en 2009. Estaba “en muy malas condiciones, pese a haber sido de mi padre, el cual lo compró siendo un cero kilómetros. Los años pasan y las latas a pesar de estar estiradas, sufren por el óxido; por otro lado el auto se encontraba completísimo manteniendo hasta el día de hoy muchas cosas originales del mismo”.

 

Las razones sentimentales pesaron a la hora de quedarse con el auto. “Este modelo en particular me cautiva por los recuerdos de niñez, cuando era pequeño el auto se encontraba “parado” en la casa de mi abuela, puesto que mi padre tenía autos más nuevos (…) Por muchos años se mantuvo así y era el paseo ir “donde la Lela” y subirse a jugar en el auto. Desde que tengo memoria está en mi vida, por lo que es uno más en la familia.

 

 

“Este auto mi abuela lo compró porque mi bisabuela estaba en cama y tenía problemas de salud, entonces para poder llevarla a sus controles médicos estuvo la idea de un auto, el cual primero sería un 126 pero ante la insistencia de mi padre y tío el 147 se llevó el título del primer auto de la casa”, rememora Sebastián.

 

Restauración

 

El auto se encuentra al día de hoy restaurado y con importantes mejoras que le permiten a Sebastián usarlo a diario con un 100% de confiabilidad. “Tiene una motorización Fiat 1.300 c.c. año 2003 con inyección multipunto, pero mantiene el 100% de sus piezas originales interiores y exteriores, siendo una mejora “escondida”. Sólo conocedores son capaces de distinguirlo ya que inclusive la línea de escape original fue adaptada a la nueva motorización”, comenta su dueño.

 

 

Gracias al cambio de motor el auto ganó en potencia. Además le fue instalada una caja de cambios de 5 velocidades, se sumó una suspensión modificada y nueva electrónica en sus instrumentos, los que fueron adaptados para las agujas análogas. “Me fascina la potencia que es capaz de desarrollar al momento de exigirlo, su destacable confianza y suave conducción”, detalla.

 

-¿Qué viajes has realizado en él?

 

-Desde los rallyes de clásicos a Iloca por el sur, diversos viajes por la Quinta región, otros desde Los Andes hasta Pelluhue, Cobquecura, Chanco y cómo olvidar los dos hermosos viajes a Mendoza en donde tuvimos la oportunidad de compartir con los clubes trasandinos en la ciudad, en el “Encuentro Internacional Fiat 147 Chile – Mendoza”.

 

 

El último viaje realizado el año 2019 fue memorable. De ida la caravana de 20 unidades 147 que iban desde Chile tomaron la exigente ruta por el monumento al Cristo Redentor a 3.854 metros de altura. Prosiguieron con su viaje y realizaron algunos trayectos en Mendoza, la ciudad de destino. Todo normal y tranquilo hasta comenzar el viaje de retorno, el cual exigió al máximo a los Fiat, pilotos y acompañantes.

 

Desafiando la montaña nevada

 

“Nos sorprendió una terrible tormenta la cual puso a prueba nuestros sistemas eléctricos y aislación del auto mismo. Llegamos al descanso en Uspallata con un sol maravilloso, pero al comenzar el retorno jamás pensamos que nos enfrentaríamos al mayor desafío de nuestros pequeños”, rememora Sebastián. “Comenzamos el ascenso desde el lado trasandino y a medida que avanzábamos más y más frío se tornaba el ambiente lo cual nos hizo apurar el paso”.

 

Llantas aro 13 con Neumáticos Dunlop Lm704 en medida 175/50R13 adquiridos en Llantas FyN

 

“Una vez en el peaje argentino congregamos los autos esperando autorización para cruzar ya que una pequeña capa de hielo se formaba bajo nuestras ruedas y el clima inclemente no daba lugar a una tregua. Finalmente un guardia nos autoriza a iniciar el ascenso final y el paso por el Túnel Cristo Redentor”, recuerda Sebastián, quien prosigue: “En el camino hacia el túnel poco a poco comenzó a nevar, cada vez más intenso, lo cual nos obliga a bajar el ritmo entre cada cobertizo ya que la ventisca se dejaba caer”, recuerda como si estuviera allí nuevamente.

 

 

Una vez dentro del túnel en el lado chileno parecía que la situación mejoraba. “Sin embargo, al llegar a la salida nos percatamos de la presencia de una gruesa capa de hielo ante lo cual no nos dio tiempo de reducir velocidad y debimos paulatinamente intentar controlar las maquinas, entretanto dábamos aviso por radio a los autos de más atrás que frenaran y desciendan con calma”, comenta.

 

Llantas aro 13 con Neumáticos Dunlop Lm704 en medida 175/50R13 adquiridos en Llantas FyN

 

La odisea continuó, ya que “una vez en suelo chileno estaba el largo tramo hasta la aduana, en donde poco a poco se oscureció. La nevazón no dio tregua convirtiéndose en el temible “viento blanco”. De ahí fue un suplicio poder controlar el auto para los conductores, ya que “con la densa nieve perdía el 99% de su tracción, mientras los pobres motores sucumbían ante la terrible temperatura bajo cero congelando las admisiones y carburadores”, enfatiza.

 

 

Poco a poco los Fiat 147 chilenos fueron llegando a la aduana nacional. Allí la policía les ayudó a llegar a una zona segura. Luego personal del complejo fronterizo debió ocupar maquinaria pesada para abrir camino y permitir que los autos pudieran bajar por la Cuesta Caracoles hasta Guardia Vieja. “Allí pudimos dar un respiro, volver a abrazarnos y dar gracias a Dios por esta gran aventura”, concluye Sebastián.

 

-¿Lo venderías?

-No, la verdad que no, cuando la gente me pregunta si lo vendo les digo le construyo uno, algo similar (pequeñas piezas réplica puede incluso construir en su emprendimiento Pulso 3D), pero el resultado del auto que tengo hoy en día es la pega de más de 10 años sobre la plataforma. El auto es uno más de la familia y los familiares no se pueden vender.

 

 

“Uno de los temas que más me gustan con este auto es la capacidad de hacer amigos que tiene ya que logra un ambiente de camaradería, empatía, tuercas y fraternidad, a través del cual he conocido hermosas personas las que hoy se han tornado mis más importantes amistades”.

 

 

Nota para ClassicCars por José Francisco Valenzuela.

Fotografías  Sebastián Loubies.

Edición por Javier Fernández G.


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