Historias de autos: Fiat 1500 1970, el italiano que causó furor ayer, hoy luce radiante en la ciudad de Valdivia

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Con la misma minuciosidad con la que desarrolla su labor profesional, Jaime Jara (31 años, odontólogo) exigió que fuera el trabajo de restauración de su Fiat 1500 1970 color marfil, el cual ad portas de cumplir 50 años de funcionamiento, luce con esa prestancia que lo llevó a ser considerado como uno de los diseños más logrados de la casa italiana.

“Fierrero” desde siempre, ya que su padre siempre fue seguidor de los Alfa Romeo, posee otros autos, pero quería un Fiat. Pudo haber sido un 600 o un 125, tal vez un codiciado S con caja quinta, pero finalmente se decidió por un 1500.

 

 

“Era rojo con techo blanco, y nunca vinieron de ese color, pero andaba. Me voy a la segura con ese”, rememora Jara respecto a lo que pensó tras ver el auto el 2016, el cual pertenecía a Jedrick del Club Fiat Clásicos de Santiago. Acto seguido era necesario el traslado, ya que Jara vive y trabaja en Valdivia. Sin tiempo disponible, le pidió a un amigo que se lo llevara, el cual manejó el auto desde la Región Metropolitana hasta la de Los Lagos.

 

Glorioso pasado

Este modelo introducido por la marca italiana en los años ´60 fue ensamblado en la planta Fiat de Rancagua. La mayoría de los componentes venían en cajas directamente de Turín y en Chile se le adicionaron elementos locales como los vidrios Cristavid de Lirquén; neumáticos, baterías y gomas, junto con componentes de la parte eléctrica marca Femsaco, todo para cumplir con las leyes tendientes a fortalecer la industria nacional.

 

Cuando debutó causó sensación, a tal punto que los concesionarios que vendían los vehículos decidieron formar un equipo de carreras con tres autos. Los pilotos elegidos para conducirlos fueron Juan Manuel y Santiago Bengolea junto a Germán Picó, siendo el director deportivo Germán Fischer.

 

 

 

Comienza la restauración

 

Al principio el plan era solo pintar el auto. Sin embargo, un trapo con diluyente que quedó por accidente sobre el auto, delató no uno, sino que varios trabajos de pintura anteriores. Ante esto se optó por pelar toda la lata. En este punto el odontólogo comenzó a buscar las partes y piezas faltantes para el trabajo de restauración. Algunas las adquirió vía comercio electrónico; otras mediante la ayuda de amigos que las adquirieron en Argentina, como la burletería.

 

 

En este caso un conocido las compró en la ciudad de Córdoba, desde donde se las llevó a la ciudad trasandina de San Martín de Los Andes, lugar del intercambio.

 

 

Respecto a si hubo alguna parte especialmente difícil de encontrar, Jaime Jara relata que el parachoques delantero junto con la máscara los mandó a cromar a Temuco. Este ornamento frontal que le da la personalidad al auto quedó como queso gruyere tras haber sido sumergido en ácido más del tiempo prudente.

 

Donante y kit original

 

“En Argentina no había. En Italia no. Un amigo en Valdivia encontró un 1500 original” con la máscara que necesitaba en excelentes condiciones, aparte de las chapas de puertas de fábrica que también requería, comenta Jara, quien decidió comprar este segundo auto con la idea que fuera “donante”, como se los conoce en la jerga de la restauración a los vehículos cuyas piezas sirven para armar otro, el principal.

 

 

Los focos traseros del Fiat fueron difíciles de conseguir, lo mismo que “un juego de pisos marca Bizantino de los años ´60”, rememora Jara, al tiempo que con admiración consigna que en la desarmaduría de Manuel Quezada, en La Pintana, (lugar obligado para los restauradores que buscan la pieza de un auto antiguo) compró un kit nuevo de época para la mantención del carburador Weber.

 

 

Al motor sólo se le cambió la empaquetadura de culata, cuya tapa se pulió. Se le renovaron mangueras y se reemplazó el tren delantero por otro original que encontró en un negocio del barrio Diez de Julio de Santiago.

 

A la calle

 

El proceso fue rápido, ya que dadas las buenas condiciones del auto y tras ser adquirido en mayo del 2016, en septiembre del mismo año ya estaba operativo.

 

 

El segundo Fiat, el cual se compró para sacarle la máscara y otras piezas, pasó de ser “donante” a “proyecto”, ya que se encuentra en algunos aspectos en un estado bastante bueno, hecho que cambió su suerte.

 

 

De esta forma el 1500 marfil llegó a un estado totalmente funcional, hecho que le permite a su dueño disfrutarlo no sólo en Valdivia, sino que también conducirlo por Frutillar, Licanray, Pucón y Villarrica, donde no deja de llamar la atención de transeúntes y automovilistas.

 

 

-¿Lo venderías?

-No. Vas a las exposiciones de autos y encuentras autos fabulosos. Pero estos tienen mucha más historia porque a muchos le interesa porque fue el que te llevó de un lado a otro en su tiempo. Además ya no se ven. Compro los autos por gusto, no por moda.

 

Nota para ClassicCars por José Francisco Valenzuela H.

Fotografías proporcionadas por Jaime Jara P.

Edición por Javier Fernández G.

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