Historias de Autos: Ford Falcon Sprint 1965 el chileno de tomo y lomo con adn estadounidense

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Es un rara avis. No cabe duda. Sólo los más “fierreros” reconocen la particular silueta del Ford Falcon Sprint 1965 propiedad de Sergio Soto Larrain (63 años, rentista), un vehículo sobreviviente de la época dorada de las armadurías establecidas en Chile que fue rescatado cuando se encontraba próximo a transformarse en chatarra y que hoy transita orondo a los mandos de su dueño.

“Éste lo compré el ́94. No estaba muy bueno, estaba pésimo y el dueño se había ido a Punta Arenas, se lo había dejado a un primo. Yo no le hice nada al auto porque no hicimos la transferencia. Yo decía, si le meto plata y luego viene el tipo y me lo quita. Como a los seis años me llama (el dueño), me dice que estaba en Santiago y que quería hacer la transferencia, así de derecho”, rememora Soto respecto a la génesis de su proyecto.

 

“Yo siempre busqué éste, a mí no me interesaba otro (…) Es que tenía todos los accesorios que son los escasos. Fui con mi hermano a comprarlo”, recuerda. No fue nada fácil y tuvo que insistir por bastante tiempo para que le vendieran el Falcon.

 

 

El nacimiento del Halcón

Introducido en 1959 por la Ford Motor en un intento por hacer frente a la “invasión” de vehículos pequeños (medianos para la nomenclatura del resto del mundo) a Estados Unidos liderada por el VW Escarabajo (al que se sumaban modelos Toyota, Renault y Fiat) que tenía como público objetivo las familias de clase media que necesitaban un segundo automóvil para el hogar, el proyecto Falcon iniciado por el CEO de Ford Robert McNamara y a cargo del ingeniero Harley Copp, consistió en crear un modelo compacto utilizando la mayor cantidad posible de partes y piezas de la marca que ya estuvieran manufacturadas para poder abaratar aún más los costos de producción.

 



Con tres generaciones en su vida que se extendió hasta 1970 (´60 al ´63; ´64 al ´65 y ´66 al ´70) y con varias configuraciones de carrocería, en sus inicios el Falcon estaba premunido sólo con el motor 6L, siendo 1963 el primer año en que se ofreció la posibilidad de un V8, resultando elegido el de 289 pulgadas cúbicas de desplazamiento.

 

La novedad del Falcon que entró a competir directamente en el segmento de los compactos con el Chrysler Valiant, el Studebaker Lark y el American Rambler golpeó directamente al otro “grande”, General Motors, quien aceleró la salida al mercado del Corvair con motor trasero bóxer. Sin embargo, las favorables expectativas de venta no se concretaron en parte debido al conservadurismo de los compradores estadounidenses, debiendo Chevrolet en tiempo récord crear el Chevy II (primer compacto de la marca con motor delantero) para que compitiera desde 1962 con el ya superventas Falcon.

 

Ese extraño de maletero largo

 

Con una década de funcionamiento, las armadurías chilenas de automóviles contaban para 1965 con normas bien definidas respecto a la integración nacional, esto es, la incorporación de partes y piezas nacionales a los vehículos de procedencia extranjera que llegaban desarmados parcial o totalmente en cajones al puerto nortino de Arica o a Santiago, donde funcionaba la Ford Motor Chile desde 1924. Sin embargo, contrario a lo que pudiera creerse, no fue la subsidiaria oficial de Ford la que armó el Falcon Sprint en Chile.

 

Con las leyes nacionales que pretendían impulsar las industrias nacionales, a mediados de los años ´60 se vivía una época de oro en las armadurías establecidas en Arica, una de las cuales era Socovem (Sociedad Constructora de Vehículos Motorizados Ltda.), una de las industrias automotrices pioneras establecidas en el puerto del norte. Buscando un producto novedoso para el mercado nacional que se adecuara a las normas, sus ingenieros planearon y concretaron la importación de unidades del modelo pick up  Ford Ranchero (también llamado Ford Falcon Ranchero) que se fabricaba en las plantas Ford de New Yersey, Missouri y California. Una vez en tierra chilena, procedieron a alargar la cabina y a cubrir el pick up con una elongada tapa para el improvisado maletero.

 

 

Con esta adaptación “chilensis” a la carrocería del ranchero, la mecánica original, más la incorporación de partes y piezas de fabricación chilena (neumáticos y batería General Insa, vidrios de Lirquén, tapicería, burletería y pisos de goma nacionales, entre otros) nació el Ford Falcon Sprint, siendo esta última denominación tomada bajo licencia del modelo Falcon coupe estadounidense. En 1965 Socovem ensambló modelos sedán y Sprint con un total de 123 unidades (valor de 44.520 escudos). En 1966, último año en que se armó este modelo, estuvo basado en la tercera generación del Falcon Ranchero que a su vez estaba basada en el ford Fairline, por lo cual hubo notorios cambios estéticos producto del cambio de generación del modelo Falcon en su país de origen, con un total de 406 vehículos fabricados en Chile. El valor del modelo 1966 comercializado en nuestro país era de 41.742 Escudos.

 

Algunas de las notorias diferencias con la versión original son la tapa de combustible que en la versión nacional se encuentra en uno de sus costados y 40 cm más de largo en su carrocería.

 

En 1964 Ford ya había lanzado al mercado el modelo fruto del ingenio de Lee Iacocca que se convertiría en un ícono de la casa del óvalo, el Mustang, utilizando la plataforma del…Falcon. Pero esa es otra historia. Volvamos a lo nuestro.

 

La odisea de la restauración

 

Sergio optó por una restauración “con todas su letras”, desarmando por completo y enviando la carrocería y chasis para que los arenaran. Ahí comenzaron los problemas, ya que se percató que había sufrido un choque frontal muy potente que desplazó el pilar A derecho hacia atrás, dificultando el calce del parabrisas que le instalaría. Todo estaba oculto con gran cantidad de masilla, como se estila en algunos trabajos.

La única alternativa posible fue que lo enderezaran en una máquina especializada en el estiramiento de la carrocería. “Metieron los datos del auto, le pusieron cadenas y ahí estuvo en esa máquina como dos meses. Yo le dije por qué no lo hacen más rápido. Sí me dijo, yo lo puedo hacer en un par de horas, pero si me paso, después no puedo volver atrás. Todos los lunes iba y de repente crujía”. Era que estaba volviendo a su forma original.

El otro inconveniente de importancia fue con la puerta derecha. “Estaba como que le hubieran pegado con pelotas de golf”, rememora. Un señor de avanzada edad, padre de quien lo pintó, fue el encargado de hacer una puerta nueva.

 

 

Sergio enfatiza que el motor original que venía con el auto que compró no servía para nada, razón por la cual importó una planta motriz nueva de 289 pulgadas cúbicas, similar a la que equipaba de fábrica al Falcon allá por 1965. “En carretera este auto es exquisito”, nos cuenta.

 

Al tiempo y dinero invertido debió sumar otras tres unidades Falcon que adquirió como donantes: de un sedán 1970 sacó el volante del motor, vendiendo al poco tiempo el auto. De un ´65 Station que encontró en Ocoa, Quinta Región, rescató la máscara y de otro similar que compró en Puente Alto utilizó el parabrisas.

 

 

“Traje de afuera todo lo que no encontraba aquí, incluso le tengo las llantas originales con sus tapas de rueda”, afirma, señalando las Cragar que actualmente tiene instaladas.

 

 

Un año y medio desde que fue desarmado el vehículo tuvo que esperar  para poder disfrutar de su Falcon Sprint, al que años después pudo homologar como vehículo histórico ante el Ministerio de Transportes dada su particular historia y restauración ceñida a mantener el auto en condiciones originales. Cualquier aditamento de seguridad puede añadirle, pero no podrá cambiar ni el motor ni el color del vehículo.

 

 

Que llama la atención por su rareza, es indudable. “Yo cuando recién lo compré fui para el 18 de septiembre a la casa de mis cuñados. Lo dejé afuera. Un caballero quiere hablar contigo me dicen y me ofrecieron plata”, recuerda, afirmando que era imposible dado que hacía poco que lo tenía. Ante la insistencia dio su número telefónico. “El día 19 a las 9 de la mañana me llama y me ofreció 5 millones de pesos sin verlo”, recuerda. “Por cinco millones no te lo muestro”, le respondió. La oferta la subió a 5.500.000 y luego a 6 millones. “Tal vez debiera haberlo vendido”, reflexiona Sergio.

 

Y ahora, ¿lo vendería?

Este auto creo que vale para uno y para nadie más. No, yo creo que no lo vendería, por lo menos no necesito venderlo, ojalá que nunca. Me ha costado mucho este auto, he ido a tantas partes buscando repuestos, en desarmadurías de todo Chile. Incluso de México.

Sin embargo, el sueño de Sergio es comprar un Mustang Fastback. Tal vez con el tiempo el Falcon Sprint rojo emprenda vuelo en búsqueda de un nuevo nido.

 

 

Nota para ClassicCars por José Francisco Valenzuela.

Fotografías y video Agencia 210.

Edición por Javier Fernández G.


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