Historias de Autos: Ford Maverick 1975, de candidato a la venta al kilo de chatarra a restaurado de excepción

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Ignacio Valderrama (42 años, Jefe de Contabilidad) sabía perfectamente el arduo camino que estaba comenzando a recorrer cuando adquirió el Ford Maverick 1975 en marzo de 2018. Tal vez no perfectamente: si bien el V8 302 del auto funcionaba y se veía aceptable con una capa de pintura anticorrosiva, ésta ocultaba extensas áreas de óxido que afectaban a gran parte de la carrocería. Ahí partió todo.

 

 

En cuanto a la parte mecánica, primeramente debió llevarlo a un taller para que le efectuaran una mantención a la caja de velocidades automática Cruise-O-Matic de tres marchas. “Ahí fue el primer evaluador para pintarlo, pero dijo que al auto había que hacerle mucho y no hacía esos trabajos”, recuerda Ignacio. Primer portazo. Lejos de desanimarse recurrió a una de las fuentes más importantes en estos tiempos modernos, Facebook, con el fin de encontrar algún grupo afín a este modelo de la marca del óvalo.

 

 

Así fue como encontró a unos entusiastas del Maverick, especialmente a “Christopher Aedo, quien restauró el suyo y ofreció ayudarme. Se lo entregué en junio de 2018 y fue desmantelado por completo”, rememora Valderrama. De esta forma había optado por una restauración con mayúscula, aquella más lenta y onerosa que busca dejar el auto totalmente operativo en la parte mecánica y cosméticamente impecable, tal como un día salió de la planta de Ford Motor en Estados Unidos.

 

 

El origen del Ford Maverick

 

Con un Falcon envejecido cuyas ventas iban en picada y que era incapaz de cumplir con las leyes federales ambientales, Ford estaba en problemas en el segmento de los compactos. Ante la necesidad de contar con un modelo de este tipo que se transformara en la entrada a la marca y que le hiciera frente a la avalancha de modelos japoneses y europeos, Ford Motor decidió a fines de los años ´60 construir sobre la base del chasis del Falcon el Maverick, con un emblema consistente en un cráneo de vaca de largos cuernos, el cual salió a la luz el 17 de abril de 1969.

Presentado como una alternativa deportiva más económica al superventas Mustang, el éxito fue inmediato, con 579.000 unidades vendidas en su primer año. La jugada de la marca del óvalo había salido bien, lo que ocasionó la descontinuación del Falcon a mediados de 1970. El Maverick pudo además salir indemne del embargo del petróleo de 1973 y extender la oferta del modelo hasta 1977.

 

 

Ford fue ampliando la disponibilidad de motores para el Maverick a medida que el modelo ganaba en popularidad, pasando del 6 en línea 170 con carburador Holley de una boca ofrecido el primer año, a presentar la alternativa del 200 con carburador Motorcraft. En 1971 se ofrece por primera vez el V8 302 (como el que equipa a la unidad objeto de esta nota, con 115 hp y 204 libras pie de torque), una alternativa novedosa e interesante para el segmento. El submodelo Grabber también fue introducido ese año. En 1972 se adicionó la oferta del motor 250 y al año siguiente se quitó el motor de entrada 170 L6. Con todo, el Maverick fue fabricado hasta 1977, una vida bastante más larga de la proyectada en un principio en los cuarteles centrales de Ford Motor.

 

Restaurando el Maverick de cero

 

Tras efectuarle el arenado a la carrocería se realizaron los parches. “Mucha lata nueva. Para algunas cosas compré uno de 4 puertas como donante que salió de ocasión”, nos cuenta Ignacio, quien añade que la parte más cara que debió adquirir fue un tapabarros nuevo que por los costos de importación desde Estados Unidos salió casi un millón de pesos. En ese mismo envío aprovechó de traer los elementos más difíciles de conseguir: los biceles cromados de los focos delanteros comprados a un estadounidense.

 

 

El Ford Maverick fue rehecho por completo. Mientras el longevo motor V8 302 sólo requirió una reparación menor (cambio de un piñón y ajuste de la cadena junto con el necesario mantenimiento) para que quedara funcionando bien, se sometió a pintura completa (realizada por Marcelo Araya) en tanto que el retapizado fue total (trabajo de Andrés Astudillo). La guinda de la torta fueron las llantas nuevas y los neumáticos, completando una suma total de ocho cifras invertida en la restauración.

 

 

“Cuando coticé alguien que restauraba me dijo que me saldría sobre 8 millones… no le creí, y me dijo que si no tengo un sentimiento al auto no vale la pena ya que es mucha plata para no ser un Mustang. La verdad, sí fue demasiado, pero valió la pena. Es un auto único, hay muy pocos en la calle. La gente mira y saluda cuando lo sienten rugir”, enfatiza su orgulloso propietario quien asevera que “la principal estrella en esta restauración es Christopher, un restaurador nato”.

 

 

El trabajo estaba terminado y el reluciente Maverick ya estaba en condiciones óptimas para ser disfrutado por su dueño. Fue un año completo dedicado a devolverle la vida a este vehículo, “principalmente porque Christopher solo trabajaba unas horas de noche, ya que más que fuente de ingresos es su pasión”, explica Valderrama.

 

 

¿Qué es lo que más te gusta del auto?

Lo que más me gusta es su línea, su potencia, además de que te sientes mirado y admirado… es como cuando uno es niño y sacaba su regalo de Navidad a la calle.

 

¿Lo venderías?

Por ahora no. Me preguntan si lo vendo, pero nadie ha ofrecido un cifra concreta. Les digo que el precio es alto y por ese precio podrían comprar otro más famoso. El que lo quiera debe amarlo. Quizás una oferta que sea muy suculenta… ese precio que uno espera como para que nadie lo haga.

 

 

Nota para ClassicCars por José Francisco Valenzuela.

Fotografías y edición Ignacio Valderrama – Agencia 210.

Edición por Javier Fernández G.


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