Historias de Autos: Peugeot 505 1986, el león nacido en Chile que aún ruge con fuerza

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Un buen ejemplo de la calidad de la industria ensambladora nacional es el Peugeot 505 1986 propiedad de Alejandro González Roa (55 años, transportista), automóvil que gracias a la correcta mantención a la que ha sido sometido por sus dueños, causa admiración por su excelente estado entre quienes lo contemplan circulando por las calles de Santiago.

 

 

– ¿Encontraste el auto aquí en la capital, Alejandro?

– La verdad es que el auto me encontró a mí, porque el dueño del auto necesitaba deshacerse de él urgentemente y con un contacto lo fuimos a ver. Yo pensaba que el auto por el año iba estar malo, pero lo fuimos a ver de todas maneras. Lo encontré dentro de un garage cerrado, lleno de polvo, en la oscuridad. Me recordó a Wayne Carini cuando anda buscando los autos, y ahí estaba.

 

Alejandro continúa el relato del “hallazgo”: “Me pongo a verlo y me doy cuenta que no tenía óxido, que tenía solo polvo; el interior estaba bueno, el tablero estaba bueno, lo empezamos a ver más en detalle, tenía una rueda desinflada. Encendían las luces, lo hicimos andar, anduvo, y ahí partió todo. Le dije al dueño: ya, me interesa”.

 

Oriundo de la Región de Valparaíso

 

El 505 objeto de esta nota fue ensamblado en los talleres de Automotores Franco Chilena ubicada en la ciudad de Los Andes, razón por la cual cuenta con una importante cantidad de partes y piezas de integración nacional.

La calidad del ensamble es muy buena como puede notarse en los pilares A, B y C, así como en la suavidad con que cierran las puertas y encajan capó y maletero. Lo principal es que con tantos años a cuestas cuenta con una notable rigidez estructural que le permite circular sin ruidos molestos. Es un auto que está “apretado”.

El motor que equipa a este 505 es un cuatro cilindros de 2.000 centímetros cúbicos acoplado a una caja automática ZF de tres marchas. Es full equipo, con alzavidrios eléctricos, aire acondicionado y cierre centralizado de fábrica. Todos y cada uno de los artefactos eléctricos, al igual que los botones, marcadores y luces del tablero están en funcionamiento. El tapiz está en buen estado y los asientos mullidos. Listo para un viaje de larga distancia.

Con el número de producción 66.448 estampado en la placa de identificación ubicada en el compartimiento del motor, este Peugeot es uno de los más de 100.000 ensamblados en territorio nacional por las empresas que contaron con la licencia de la casa francesa entre 1959 y 2004, con plantas ubicadas primero en Arica y luego en la ciudad de Los Andes.

 

A dejarlo “impeque”

 

El 505 pasó a la propiedad de Alejandro el año 2016. “Se llevó donde un mecánico amigo y se le cambió todo lo que podía fallar. Se limpió carburador, el estanque de bencina porque estaba el combustible malo, se cambiaron todos los filtros al igual que todos los líquidos de la caja, de los frenos, del motor y de la dirección hidráulica”, rememora Alejandro.

 

 

Con sólo 179.000 kilómetros originales recorridos, reconoce que “lo bueno que tenía este auto es que fue siempre muy bien cuidado, estaban todos los líquidos limpiecitos, viejos pero limpios, y se notó que al auto siempre lo habían cuidado mucho”.

 

 

La clave para que un auto tenga una larga vida es el mantenimiento, regla que cumple a cabalidad Alejandro: “Le he seguido manteniendo cosas, le agregué encendido electrónico, le arreglé la radio y parlantes; reparé las luces del tablero que tenía quemadas. A mí me gusta entretenerme, así es que siempre que tengo algún tiempo algo se le hace al auto.

 

 

Respecto a la facilidad para obtener repuestos para el 505, Alejandro nos cuenta que “hay de todo, nuevo y usado, hay que saber buscar. Tengo contactos para traer repuestos de Argentina, que allá hay muchos para este auto”.

 

 

“Yo nunca había tenido Peugeot, así es que tuve que aprender de la marca. Puedo decir que lo que más me gusta es que se asemeja bastante la suspensión a la de un americano full size, es muy suave y es silenciosos. El andar es lo que más me gusta”, sentencia.

 

– ¿Lo venderías?

– Tal vez a alguien que me de la seguridad que lo va a seguir manteniendo o mejorando aún más y obviamente que pague el estado en que está.

 

 

Nota para ClassicCars por José Francisco Valenzuela.

Fotografías  Agencia 210.

Edición por Javier Fernández G.


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